Treparoadtrip Regio: Robándome a mi peque

Dicen que el amor mueve montañas, pero en mi caso, el amor más bien me arrastra hacia ellas.

Hace algunos ayeres me escapé a visitar a mi changuita a tierras regias. Se venía la famosa Semana TEC: la excusa perfecta para armar un roadtrip regio que, para este servidor, empezaba desde tierras tapatías. Estamos hablando de nueve horas al volante que se tradujeron en unas pompitas entumidas, pero todo sea por mi mujer.

Ya en camino le escribí a mi buen trepamigo Pabs para ver si nos dejaba colarnos a la salida del domingo. Como mi trepabro es Cordi de Trepacerros, el tráfico de influencias estaba a nuestro favor; teníamos palancas, claro que sí. El plan era Pico San Miguel, una cumbre que te quita el aliento (y las ganas de platicar en la subida jajaj).

Pabs hizo su magia para conseguir el permiso y, como mi changuita ya es parte del Clan, ella no tuvo ninguna complicación para sumarse al grupo. Con el equipo completo y el acceso liberado, teniamos oficialmente la primera parada de este treparoadtrip.

Llegando a tierras regias, por fin me tocó conocer el nuevo cuarto de mi peque. Ella decía que era como el de Harry Potter: pequeño y con lo estrictamente necesario, pero la verdad es que no necesitábamos más espacio. Ahí me consintió con unos masajitos para recuperar energías, algo que nos vino de lujo porque el hike arrancaba a las seis de la mañana.

Terminando, fuimos por provisiones. Yo ya traía unos sándwiches desde mi viaje que se veían dignos, pero claramente la ingeniería en alimentos no es lo mío. Ese lunch resultó ser una bomba de tiempo: me dio una diarrea que me hizo bajar la montaña en modo turbo, pero esa historia ya se las contaré después.

Al día siguiente nos reunimos en el trepaOxxo. Fue genial reencontrarse con las leyendas; bueno, con los que llegaron, porque hasta el sensei Fu se quedó dormido. El momento de la mañana se lo llevó el famoso Copado: su cara de sorpresa al vernos fue épica, se le notó en la expresión que ya nos daba por terminados y la verdad es que no pudo disimularlo jeje.

También andaban por ahí Isaías, Montoya, Meli, Edgar, Pabs y Curcho… puro guapetón chibuabua. Sin más preámbulo, pusimos la camioneta para el viaje y se nos unieron Cristy, Berny y Ale; llevan poco en el grupo, pero traían toda la actitud y se nota que tienen madera para esto, ¡sí señoooor!…

Llegando a la Sierra de El Fraile, la entrada se nos puso difícil; estuvimos dando algunas vueltas antes de poder desembarcar. Ya en posición, se dieron las instrucciones de rigor y emprendimos la ruta: 14 kilómetros con 1,050 metros de desnivel positivo… algo tranqui para estos loquillos.

El sendero está bien marcado, aunque el inicio es confuso porque a las vacas parece gustarles ponernos trampas para despistarnos. El ascenso tiene una pendiente considerable, pero se disfrutaba bastante gracias a que los distintos tipos de pinos nos regalaron una sombra muy decente durante casi todo el camino.

El sendero se dio a respetar, así que varios trepas aplicaron las clásicas pausas técnicas: que si la foto del paisaje, que si amarrarse las agujetas o buscar un snack en la mochila. Puras excusas para no admitir que nos faltaba el aire jajaj; pero ya fuera de broma, el descanso es clave porque aquí se viene a disfrutar tanto el proceso como la cumbre.

En una de esas paradas saqué los famosos sándwiches. Mi changuita detectó un aroma sospechoso y no me aceptó ni una mordida, pero yo, escéptico y con un hambre que me nublaba el juicio, me los deboré sin pensarlo. Mientras ella, muy sensata desayunaba sus M&M’s.

Al llegar a los chorreaderos (la parte final), mi peque optó por hacer guardia en dicha zona (con otros trepas); no se sentía del todo bien (es una guerrera oh si oh si), así que se quedó con un radio para estar comunicados. Esa última sección me puso a trabajar las pantorrillas, pero sobre todo el corazón: había tramos donde caminabas literal por la cresta, con un barranco de 500 metros a un costado donde caer no era opción. Me encanta esa sensación de que se te erice la piel al sentir el vacío tan cerca.

Media hora después, conquistamos la cumbre. Montoya sacó su dron y de la nada empezó una batalla campal: varios gavilanes se le fueron encima en pleno vuelo y casi perdemos a un soldado ese día. Para celebrar la victoria, Isaías saco la sandía que venía cargando como método de trepatraining e improvisamos un picnic en todo lo alto. No les miento gente, la mejor vista de todo Nuevo León…

Ya en la bajada, con calma me fui con la Reta (refiere al encargado de ir cuidando que nadie del grupo se quede), pues Isa la venía comandando y pues ya hacia falta un poco de chismesito, y pues siempre es bueno ir bueno cuidando a los nuevos trepas que se les viene complicando,

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