Hay viajes que simplemente te cambian el chip y Costa Rica fue ejemplo de ello. Te motivan a alterar tu realidad, a cuestionar quién eres y a invitarte a sentir el mundo, a vibrar con él, conocerlo y sumergirte en la vida que tiene en cada rincón. No les diré que es fácil, pero les juro que vale la pena cada segundo. Se vuelve un vicio sano que te hace sentir más vivo que nunca.
Y cuando lo haces con la persona que amas, alguien que está en tu misma sintonía y que sabe disfrutar, esa sensación se multiplica. Te vuelves uno con el momento.
Pero déjenme decirles algo: el viaje no es solo el destino. Es todo ese proceso de planificación donde, honestamente, esta vez nos pasamos de coquetos. Armamos un itinerario tan hermsoso, que hasta mi changuita se puso celosa jajajaj. Ahora sí, procedo a contárselos.
DÍA 01: 03 de Marzo
Salimos a las 3:30 am de casa de mi peque, con David Bisbal de fondo cantando Esclavo de tus besos, mientras el cielo nos regalaba un eclipse lunar total: la Luna de Sangre. Yo preferí llamarle ‘la luna del amor’, convencido de que Diosito estaba bendiciendo el viaje desde el minuto uno; llámenme optimista, pero no creo en las coincidencias. Ya en el aeropuerto nos echamos unos Subways (que terminaron siendo nuestra comida más cara de todo el viaje) y pasamos el rato inventándole historias a cada desconocido que veíamos en los pasillos. Posteriormente aproveché para rasurarme (y no porque mi changuita me obligara jajajaj) y hasta me tocó ser ‘mansplaineado’ por una señorita del staff que juraba que yo no sabía leer.
Ahí conocimos a Omar, un ‘tico-mexicano’ que llevaba 14 de sus 36 años viviendo en México. Nos confesó que antes era un viajero compulsivo como nosotros, pero que desde que se casó solo viaja por chamba. Yo creo que la esposa tiene algo que ver, pues nos lo dijo en voz bajita porque ella estaba justo a un lado… ¡Capaz que le pegan! jajajaj.
La verdad nos dio un poco de tristeza escucharlo, pero supongo que cada quien elige su camino y a su chiquibby. Por eso raza: elijan siempre a una bby trepacerros. La aventura nunca les va a faltar, ¡ou yeaah!
Lo mejor fue que Omar nos aplaudió la ruta que teníamos planeada; hasta pensó que la habíamos comprado de lo bien armada que estaba. Al final, nos documentaron las maletas gratis y nos fuimos a conocer nuestro segundo país como power couple. Ya en el avión, mi changuita por fin tuvo el detalle de dejarme el asiento de la ventana… aunque pronto descubrí el truco: solo quería usarme de almohada y adueñarse de los otros dos asientos vacíos para acomodarse a su antojo. Ventajas de ser chiquita, supongo jeje.
En cuanto aterrizamos en tierras ticas, aceleramos el paso para cruzar migración lo más rápido posible (rebasando a varios extranjeros en el camino). Un detalle que me pareció romántico fue que, por primera vez, nos permitieron pasar juntos como pareja; se sintió muy bien que nos reconocieran como el equipo que somos. Eso sí, nos tocó la que probablemente sea la única tica de mal humor en todo el país; me recordó muchísimo a la señora gordita de la oficina de licencias en Drake & Josh (cuando fueron a sacar su permiso de conducir): con una actitud gruñona, pero que al final, de mala gana, nos dio el visto bueno.
Al llegar a la banda 04 nuestras maletas ya estaban fuera; un servicio de bienvenida impecable. De ahí, hice una escala técnica sumamente veloz al sanitario (digamos que la emoción me hizo romper mi propio récord, por si querían saber jajaj) y nos fuimos directo a National por nuestro 4×4. Ahí nos recibió Alexander, un señor encantador con aires del hechicero Merlín, quien nos canalizó con Flavio para que nos llevara en van a la sucursal. En cuanto Flavio supo que éramos mexicanos, rompió el hielo con un efusivo: “¡Viva México, cabr#nes!”. Entre risas, nos compartió recomendaciones gastronómicas y un consejo vital: no superar los 90 km/h. Nos advirtió que en este país las autopistas amplias no existen, hecho que confirmamos apenas cinco minutos después de salir.
En el mostrador nos atendió Greivin, un tipo con un estilo muy particular, idéntico a Raymond “Mantis” de Cobra Kai, jajaj. El proceso fue muy ágil gracias a la estrategia que mi changuita planeó con semanas de anticipación: declinamos los seguros adicionales al contar con el respaldo de nuestra American Express. No puedo estar más orgulloso de ella; ese movimiento nos ahorró más de ocho mil pesos. ¡Tomen nota viajeros!
Ya con las llaves en mano, le tomamos múltiples videos al vehículo como evidencia en caso de algún reclamo post-entrega (digamos que esta pareja no confía ni en su propia sombra, jajajaj). Y finalmente, ahora sí, llegó nuestro momento: mi peque puso en marcha la playlist, conectamos el Waze (que aquí funciona infinitamente mejor que Google Maps) y fijamos el rumbo hacia nuestra primera parada: El Churrasco, con una pequeña escala en el Walmart. Porque como todo buen roadtripero sabe, un gran viaje comienza con una buena despensa.
Empezamos con una estrategia digna de foráneo desempleado: como sabíamos que estaríamos en constante movimiento, elegimos alimentos que aguantaran la batalla y no fueran tan perecederos. Nuestra táctica fue comprar solo lo necesario para el día a día, aprovechando que cada alojamiento lo elegimos estratégicamente cerca de algún súper. Ahí también aprovechamos para sacar efectivo, un tip vital porque no en todas las escalas te encuentras un cajero a la mano.

Al llegar a El Churrasco, un hotel con esa esencia acogedora de pura madera, nos recibió una brisa ligera. El escenario estaba totalmente envuelto en neblina, dándonos una entrada entre misteriosa y romántica. Después de un buen baño, nos preparamos unas Maruchans y nos regalamos una plática de esas largas y profundas que solo se dan con el sonido de la lluvia de fondo.
Nuestra sesión de chisme terminó por culpa de un gringo viejito que ya se quería dormir y nos mandó a callar… jajajaj, ¡son bien chillones! Pero ni eso nos quitó la paz de nuestra primera noche en el paraíso.
Día 02: Los milagros existen



