Hoy tuvimos una ruta diferente; de esas que se quedan impregnadas en tu corazón y en tu ropa jajaj. Digamos que venía con sorpresa incluida. Todo arrancó por esa necesidad intrínseca de volver a salir, de regresar al campo de batalla, así que sin pensarlo le mandé un mensaje a mi trepacompa, el buen Frank. Con el calor desatado en tierras tapatías acordamos que lo mejor sería optar por una ruta acuática. El detalle es que sus servidores han sido exploradores de prácticamente todo recorrido con esos parámetros en la periferia de Guadalajara. Fue entonces que mi amigo propuso una opción poco vista, pero que se alineaba perfectamente a nuestros estándares: Las Pilitas del Muerto. No sabíamos a qué se le debía el nombre, pero en cuanto inicias el descenso en esta ruta, no te queda ninguna duda. Ya con el plan determinado con menos de un día de antelación, le escribimos a Mali, Sofi y Andrés. Junto a mi changuita, Frank y un servidor, seríamos los trepas suficientes para pasarla increíble.
Este hike es de los más cercanos, pero como todos vivimos en zonas sumamente distantes, la mejor opción fue vernos directamente allá en punto de las 7:30 a.m. Nosotros, al tener en nuestra ruta a la súper Mali, nos pusimos de acuerdo y pasamos a recogerla. Ya saben que somos unos changuitos conscientes de la ecología jajaj; además, nos encanta ir cotorreando con esta loquilla. Después de unos 45 minutos de trayecto, llegamos a Las Pilitas. Si no las conocen, Las Pilitas del Muerto son unas pozas de aguas termales recién nacidas en pleno corazón de la Barranca de Huentitán, a las que se accede por Lomas del Paraíso/Huentitán, muy cerca del CUAAD de la Universidad de Guadalajara. Un consejo práctico si van: se recomienda dejar el carro estacionado sobre las mismas calles que colindan con el acceso a la ruta.
Desde que iniciamos el calentamiento se empezó a formar un ambiente muy agradable, una energía pura y súper positiva. Se hizo una combinación perfecta entre las risas de Sofi y Andrés, los comentarios de Mali echándome relajo porque en su último hike con nosotros le esguincé el pulgar jajaj, las buenas anécdotas de Frank, y una changuita que en vez de defenderme me echaba montón junto a Mali. Al ver toda esa mezcla de emociones, supe que estas personas estaban hechas para salir a conquistar montañas juntas; de verdad, una increíble familia feliz. Pero bueno, toda esa felicidad chocó de frente con la realidad del camino, pues toda la primera parte está cubierta de trozos de basura y charcos de dudosa procedencia, por lo que no quedaba de otra más que aguantar la respiración y afinar el equilibrio para no terminar metidos en esos pantanos tóxicos.
Para colmo mi peque iba estrenando sus botas Salomon, detalles diría Sofi. Ya después de pasar ese trago amargo todo el recorrido estuvo bastante ameno, sin sol, una bajada con poca pendiente y unas increíbles vistas a toda la barranca, aquí algo a resaltar como verán en la siguiente imagen es el imponente contraste entre las aguas limpias y sucias que este panorama nos ofrece, pues aunque hay calidad en las cascadas de aguas negras, no dejan de ser toxicas, aunque eso si, que coquetas se veían eeeh.

