Hidrofobia: El primo “intenso” de Matacanes

Si creían que Matacanes era el límite, prepárense para conocer a su primo, el que claramente se metió esteroides jajaj. Ubicado en el corazón de Potrero Redondo, el cañón de Hidrofobia es la auténtica joya de la corona para los que buscamos adrenalina en la Sierra Madre Oriental. Aquí el compromiso con el agua es total: no es un paseíto por el río; es un recorrido de 9 horas de pura intensidad técnica que te pone a prueba los nervios y las piernas.

Hablamos de saltos impresionantes de hasta 18 metros, toboganes esculpidos por la naturaleza y pozas de un azul tan cristalino que parecen de postal (aunque el agua esté lo suficientemente fría como para recordarte que estás vivo).

No les voy a mentir gente: tenía mucho miedo. Pero como dice el buen Fu (nuestro trepa-sensei): “Es bueno tener miedo, siempre y cuando no te domine”. Así que tocó preparar la mente y alistar el equipo. Un detalle importante: por seguridad, esta vez no podía ir toda la “Trepa-banda”; los cupos fueron limitados solo para los que estaban más que listos para la ocasión. Básicamente, si confirmabas y no ibas, perdías puntos para futuras aventuras. Ya no había vuelta atrás: le avisé a la familia, me encomendé a los dioses de la montaña y Ámonos!

La alineación de esta ruta era puro peso pesado: nuestro sensei Fu, una leyenda en carne y hueso; Herson, un velocista con clase; Lya, una francesa que no conoce el concepto de “miedo”; Isaías, el mejor trepa-camarada; Eagor, un alemán de dos metros que impone solo de verlo; Pabs, todo un trepainfluencer; y Dany, una trepa con mentalidad de campeona.

Apenas llegamos al paradero y empezamos con el ritual de los arneses y el equipo de descenso, entré en el “mood”. Se sentía una energía muy poderosa, un equipo preparado para todo. Me sentí literal como en Los Increíbles, cuando Bob le dice a Elastigirl: “Siendo superhéroes, ¿qué ha de pasar?”. jajaj. Dirán que qué soberbio, pero la verdad, en esos momentos te la tienes que creer para que el miedo no te paralice. Tienes que ser uno con tu mente y con tus trepaherman@s.

En la primera parte, el sol todavía no irradiaba al cañón en su totalidad, por lo que el agua estaba helada. Todos gritábamos y decíamos cuanta incoherencia se nos ocurría; lo necesario para distraer a la mente del frío jajaj. Ya poco a poco el calor se hizo presente y la ruta se puso de lo más disfrutable.

Entrando a la parte técnica, algunos no pudieron seguir y otros se quedaron a acompañarlos, porque aquí en el grupo nadie se queda atrás. El recorrido era lineal: primero subimos trepando y usando cuerda en los puntos más críticos, para después bajar con clavados y toboganes naturales. Eso nos permitía llegar hasta donde el cuerpo aguantara y esperar a que los demás regresaran… ¡pero este nene aguantó hasta el final cachín cachíiiin! El sendero fue increíble, rodeado de esa paz que solo te da la ausencia humana y esas piedras pintadas en tonos cálidos con matices grises, acompañada de una vegetación en su etapa más frondosa, una verdadera obra de arte.

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