La energía positiva transforma los momentos, los embellece tanto que, cuando terminan, hasta duele un poquito. Hace unos días vinieron a visitarme dos de mis mejores amigas, Mel e Itz; de esas mujeres que iluminan el lugar en cuanto entran y te inyectan una dosis de alegría pura. Honestamente, no sabía cuánto las extrañaba hasta que les tocó decir adiós.
Para recibirlas como se debe, las invite a una ruta de senderismo que tendría con algunos Trepas (Aylin “La Presi”, Súper Pepe, Astrid y la asombrosa Macedo) llevándolas a conocer un pedacito del paraíso que ahora es mi mundo: un hike tranquilo en Allende, Nuevo León. Es un rincón escondido cerca de Monterrey, famoso por sus pozas azul turquesa en plena Sierra Madre Oriental; una ruta que sabía que les iba a encantar.
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Abro un paréntesis imprescindible para el cotorreo: la noche previa Monterrey nos regaló un calor inhumano de casi 40°C y, para colmo, el aire acondicionado de mi cuarto decidió no funcionar. Mel y yo terminamos durmiendo en la terraza para no morir en el intento; así que, como se imaginarán, este hike nos caía de lujo.

Recuerdo que, a pesar de no traer los atuendos más técnicos para la situación, ellas mantuvieron toda la actitud. Itz traía su traje de baño y una hielera que terminó haciendo la función de mochila hiker, mientras que Mel lucía unos leggins muy coquetos, una gorra de pesquero y unos lentes muy retro. La verdad, mis amixes traían todo el flow del mundo… ¡ya solo faltaba que salieran con vida de ahí! jajaja.

Esta caminata fue sumamente relajada y yo me venía divirtiendo muchísimo con ellas. Me sentía como Hallie y Annie en Juego de Gemelas cuando se alían para hacerle la vida imposible a Meredith durante el campamento (y ojo, que Mel sí le daba un aire a la actriz eeh). Obviamente, yo lo hacía con amor: siempre al pendiente de ellas, llevando un ritmo que les favoreciera y dándoles la mano en las partes más tácticas para que no fueran a salir en las noticias de última hora. De igual forma, y no es por presumir, brindé un excelente trabajo de fotografía; les fui tomando sus próximas fotos de Tinder jajaj. ¡De nada!
Mel me sorprendió, pues cuando llegó el momento de saltar al agua, me siguió sin pensarlo. El detalle fue que, en cuanto caímos, se recargó en mí para no hundirse y por poco me ahoga (va a decir que soy bien exagerado jiji); pero digamos que todavía no domino bien la función de flotador humano. Para mí que se estaba vengando de todos los desvelos de la carrera donde decía que la explotaba.

La ruta tuvo mucho parkour entre rocas y cruces de río; admito que mi exceso de confianza me provocó una torcedura de tobillo, pero como no podían ver a su guía caído, me aguanté como los grandes. Ya en la Media Luna, nos dedicamos a comer, descansar como iguanas bajo el sol y simplemente ser felices.
Esta aventura se queda en mi corazón porque mi pasado y mi presente se unieron en un solo lugar. Amigas como ellas son las que vale la pena conservar de por vida. Así que, si leen esto loquillas: báñense y sepan que las quiero muchote.



